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Un proyecto joven con sabor a maduro

No hay nada mejor que el disfrute de los productos en el lugar donde se producen.

 

Grupo catando vino dulce de cereza un mes antes de su lanzanzamiento.Grupo catando vino dulce de cereza un mes antes de su lanzanzamiento.

 

                                                                                                                                                                                                                                                           Siempre hay sorpresas que nunca saldrán al mercado. Ediciones limitadas que anticipan nuevas mejoras en las crianzas de los futuros vinos de cereza. Programamos visitas que incluyen una extensa cata de vinos de cereza y de otros productos de la cereza como vinagres balsámicos, reducciones y  jarabes.

   Ofrecemos visitas guiadas y catas con maridaje en medio de las cerecedas en flor y en producción. Vive un viaje totalmente sumergido en la cereza, desde el fruto hasta el vino de cereza más añejo. Conoce nuestra pequeña, antigua y pionera bodega, adaptada a la producción de vino de cereza, situada en nuestra masía a tan sólo 15 Km de Barcelona. Si vienes acompañado de menores, disfrutarán comiendo cerezas en primavera y viendo nuestros animales de granja durante todo el año.

 

Somos muy de campo

   Sirot parte del sueño rural de Josep Badell, un soñador que ha convivido toda su vida con la cereza, gracias a que sus padres tenían una fantástica cereceda en Sant Climent de Llobregat. Aprovechando una casualidad, decidióempezar a fermentar cerezas cual uvas para obtener un vino nuevo, que pudiera llegar a la mesa venciendo todos aquellos prejuicios que sugieren que, de la cereza, sólo se puede obtener una bebida dulce y sin interés.

   Licenciado en Bellas Artes y realizador de documentales, programas de TV y publicidad, en 2010 decide combinar el mundo de la comunicación con el mundo rural, y en concreto con la producción artesana de vinos de cereza.

   De vocación autodidacta y con la inestimable ayuda de Jordi Escala (Món del Cava), decide embarcarse en un proyecto de los que te cambian la vida. De los que te abren nuevas puertas y nuevas vías de felicidad y realización personal.

 

   Es en 2014 cuando conoce a César Cánovas, reconocido somelier catalán, quien le ayuda a tomar consciencia de los logros conseguidos tras cuatro años de auto-formación y desarrollo en solitario de vinos de cereza como el Sirot Negro, cuyo método de elaboración lleva evolucionando desde el 2010, sin ningún referente cercano en el que apoyarse.

   “Era una cuestión de tiempo, ingenio y principios. Nada de maceraciones ni coupages con vino de uva. La cereza debe defenderse sola y demostrar que es una fruta perfectamente vinificable, bondadosa, plena y de características particulares que hacen de su vino un producto único”.

   Creer en el vino de cereza y en el proyecto que se iba gestando a su alrededor ya era una cuestión muy importante, pero faltaba dotarlo de la estructura empresarial adecuada. Para ello resultó decisiva la incorporación de Eduard Piñol como socio. Con un perfil pragmático y analítico, además de una dilatada experiencia como director financiero en grandes multinacionales, Eduard encontró en este proyecto una opción sólida y emocionante para materializar el cambio de vida que estaba deseando, y en el que podía emplear la mayor parte de conocimientos adquiridos en su anterior vida profesional. De este modo, hemos acometido las inversiones necesarias para equipar nuestra pequeña bodega con los elementos que garantizan la extraordinaria calidad de nuestros productos, así como la viabilidad económica del proyecto.

   Por fin podemos celebrar la salida de nuestros primeros vinos de cereza al mercado. Arropados en todo momento por la aceptación y la devoción de clientes particulares y profesionales, que ya nos siguen desde hace más de tres años, esperando éste momento.

  “Ahora por fin puedo disfrutar de mi familia y pasar más tiempo con ellos, mientras el vino de cereza va haciendo "chup-chup" en el interior de la bodega que tengo justo debajo de casa, en plena naturaleza. Ahora por fin puedo prolongar la presencia de mi fruta favorita durante todo el año, en forma de vino, y esperar su regreso cada primavera para embriagarme de su acidez y dulzura, para modular de nuevo mi paladar y encontrar la cereza en el vino y el vino en la cereza que, inevitablemente, me transporta a la más  tierna infancia…”

Josep Badell

 

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