EL COLECCIONISTA

Calidad, singularidad, edición limitada

Nunca se había hecho nada pareciendo en nuestro país, ni en el mundo. Un vino de cereza seco y crianza... ¿A quien se le ocurre? Por supuesto a alguien sin complejos relacionados con el mundo del vino. Un enólogo que se precie siempre preferirá explorar el basto y extenso territorio vitivinícola antes de que emprender experimentos de vinificación de frutas diferentes a la uva.
A menudo pasa que, personas ajenas a un círculo profesional concreto, como en este caso el vitivinícola, desproveídas de complejos, y por tanto también de limitaciones en la hora de idear productos nuevos, acometen proyectos que nadie de este sector habría tenido en cuenta. Y es normal, porque estas situaciones excepcionales se dan cuando el contexto también lo es.
La suma de una casualidad, una antigua bodega en desuso, y uno en torno a gran producción de cereza, provocó la aparición de los productos Sirot. La antigua bodega se debía al hecho que nuestra zona, tradicionalmente, siempre fue vitivinícola hasta al poco de la Guerra Civil. Gradualmente se fueron abandonando las viñas, afectados por la filoxera y su cultivo se fue sustituyendo por el de cerezo, que acabó copando el paisaje de nuestra zona. Así pues, las bodegas que tenían todas las masías, fueron quedando en desuso, entre otros cosas, por falta de materia prima con la cual hacer el vino.
El año 2010, Josep Badell, al instalarse en la masía Can Pi con su familia, recuperó la antigua bodega y la posó a producir vino de cereza, en pequeñas cantidades, hasta que en 2014, con una producción de 1500 botellas, fundó el primer vino de cereza crianza, denominado Sirot Negre Criança 2014. Hasta hoy, ningún sumiller conocía un producto así y, después de catarlo, coincidieron en el interesante del hallazgo. Un vino de cereza que no hace gusto de cereza? Y nuestra respuesta fue otra pregunta. A caso hace gusto de uva el vino?
El producto de la fermentación de la cereza puede ser tan complejo, estructurado y disfrutable como cualquier vino, eso sí, con sus características particulares, que evidentemente son un punto a favor, lo hace único.
Desde entonces, Bodegas Badell Herero, con su nombre comercial Sirot, ha ido elaborando diferentes añadas que han demostrado una calidad constante y una durabilidad de al menos 5 años en perfectas condiciones, con lo cual, podemos afirmar que el vino de cereza también puede madurar con el tiempo.
Sirot se aleja de cualquier idea preconcebida relacionada con la cereza y sus licores. Tampoco hay que esperar un vino dulce porque se trata del producto de la fermentación de cerezas, que ya sabemos que es una fruta dulce. Más bien, usamos la cantidad de azúcar que contiene la cereza para obtener un grado alcohólico que ronde entre los 12,5° y los 13,5°. Para lo cual usamos cerezas extremadamente maduras que confieren unas características muy especiales a nuestros vinos de cereza.