VINO DE CEREZA, EL PROCESO

La vendimia de cerezas se celebra en primavera-verano, que justamente es cuando más calor hace y cuando es más complicado controlar la temperatura de las fermentaciones.

Usamos cerezas muy maduras para obtener el mayor grado alcohólico posible que, según nuestra experiencia, puede ofrecer, en cerezas maduras,  un grado de 8%Vol a 13,5%Vol.

La completa madurez de la cereza que usamos, aporta a nuestro vino de cereza justamente todo el sabor y aromas de cereza  muy madura, que se combina con aromas de fresa, ciruela, mora y frambuesa.


La crianza de 9 meses en roble francés aporta aromas de vainilla, cuero, tierra, y permite la lenta fermentación maloláctica que suaviza y redondea un caldo hecho solo con cerezas. Se vuelve utuoso, sedoso y muy agradable al paladar.

Tras diversas pruebas con diferentes maderas, entre ellas la de cerezo, castaño y roble americano, nos decantamos por el roble francés y su aportación a nuestro vino de cereza. Las usamos 5 años y después las destinamos a la crianza de vinagres.


Tras la crianza, el vino de cereza Sirot ya ha adquirido un tono más oscuro, y un ligero ribete color teja. Muestra una buena precipitación de lágrimas y tiene un aspecto límpido. A primera vista, por su color, podríamos decir que es un vino oxidado y viejo, cuando en realidad se trata de un vino de cereza crianza.

Uno de los aspectos más sorprendentes de Sirot es que marida muy bien tanto con pescado y marisco, como con carnes, verduras, postres de fruta, quesos, froie, arroces, y un largo etcétera que desgraciadamente excluye al jamón serrano. Qué se le va a hacer...

Para el copeo también resulta una bebida muy agradable. Se recomienda consumir entre 13ºC y 18ºC grados, en función de los gustos, pero sobre todo en función del acompañamiento. Pescados y marisco más bien 13ºC, carnes y arroces mejor 18ºC.

Por sus características y posibilidades, Sirot Negre Criança nada entre dos aguas. Entre la condición de parecer un tinto o un blanco. Baja tanicidad, acidez que hace salivar y gran expresión frutal trae a la cabeza un blanco, pero la carnosidad, tonos de madera y frutos rojos de montaña nos evoca más bien a un tinto.

Cada trago invita a seguir bebiendo y sienta bien en el estómago, no produce acidez y su suavidad puede engañar a los sentidos, ya que viene acompañado (en la añada del 2017) de un nada despreciable 12,5%Vol. de alcohol.


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